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Trump fija a Nicaragua el impuesto de exportación más elevado de América Latina

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El gobierno de Estados Unidos ha colocado un arancel del 18% sobre las exportaciones que provienen de Nicaragua, lo que convierte a esta nación de Centroamérica en la más impactada de América Latina por la política comercial que ha promovido la administración de Donald Trump. Esta acción fue tomada dentro del contexto de una declaración de emergencia nacional emitida en abril, donde el expresidente justificó la urgencia de recalibrar la balanza comercial y resguardar sectores clave de la economía americana.

Este arancel extraordinario supera con creces el 10% aplicado de forma general a otros países de la región y representa un duro golpe para la economía nicaragüense, que depende en gran medida del comercio exterior, en especial con su principal socio comercial: Estados Unidos. Las autoridades norteamericanas argumentan que Nicaragua ha implementado políticas comerciales consideradas restrictivas o desleales, lo que motivó la aplicación de un gravamen recíproco, más severo que el impuesto a otras naciones latinoamericanas como Venezuela (15%) o México (tarifas selectivas).

La imposición de estos aranceles se produce en el marco de una estrategia más amplia del gobierno estadounidense para revisar y modificar los términos de sus relaciones comerciales, particularmente con países con los que mantiene déficits comerciales o tensiones políticas. En el caso de Nicaragua, además del argumento comercial, persisten tensiones diplomáticas por temas relacionados con democracia, derechos humanos y gobernabilidad.

El nuevo arancel del 18% comenzó a aplicarse a partir del 9 de abril. Esto ha encendido las alarmas en los sectores exportadores nicaragüenses, especialmente en aquellos rubros que dependen casi exclusivamente del mercado estadounidense, como los productos agroindustriales, textiles, manufacturas ligeras y partes de maquinaria. Empresarios y representantes del sector privado advierten que este incremento en los costos de exportación reducirá la competitividad de los productos nicaragüenses, afectará el empleo y provocará una disminución en las inversiones extranjeras directas.

Aunque Nicaragua forma parte del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica (CAFTA-DR), el gobierno de Estados Unidos implementó la tarifa de forma unilateral bajo la normativa de emergencia. Esto ha causado inquietud debido al precedente que podría establecerse y a las restricciones de los mecanismos de solución de conflictos en el tratado para situaciones similares.

Desde Managua, las autoridades de Nicaragua han expresado inquietud ante la decisión y están evaluando alternativas. Entre las opciones consideradas se encuentran la diversificación de sus mercados, el establecimiento de nuevos aliados comerciales y la consolidación del comercio dentro de la región. No obstante, expertos en economía destacan que, a corto plazo, es complicado reemplazar la importancia del mercado de Estados Unidos en las exportaciones del país.

En el plano regional, otros países centroamericanos se mantienen atentos al desarrollo de la situación. Aunque, por el momento, mantienen un arancel del 10%, las autoridades comerciales temen que las sanciones puedan extenderse o endurecerse si no se logra un nuevo entendimiento con Washington. Además, se teme que esta política proteccionista genere inestabilidad en los flujos comerciales y afecte el clima de negocios en la región.

Analistas económicos coinciden en que las medidas adoptadas por Estados Unidos forman parte de una tendencia creciente hacia el proteccionismo, en la que se priorizan los intereses nacionales por encima de los compromisos multilaterales. Esto podría tener efectos significativos en economías abiertas como la nicaragüense, cuyo margen de maniobra es limitado ante decisiones unilaterales de potencias comerciales.

La imposición del arancel más alto a Nicaragua constituye una advertencia sobre la fragilidad de las relaciones comerciales asimétricas y sobre la necesidad de fortalecer políticas internas que fomenten la diversificación económica, la innovación productiva y la integración regional como mecanismos de resiliencia frente a shocks externos.

Por Otilia Adame Luevano